La Art Week CDMX transforma la ciudad en un recorrido sensorial.
No todo ocurre dentro de los recintos masivos.
Museos, espacios alternativos y escenarios públicos activan la semana.
Entre exposiciones, performance y participación colectiva, el arte se mezcla con el ritmo urbano.
Aquí van cuatro experiencias clave para vivir la ciudad con mirada curada y espíritu expansivo.

¿Y Qué? — Alan Mozes
En ¿Y Qué?, el fotógrafo estadounidense Alan Mozes articula un proyecto de largo aliento en la Ciudad de México que se sitúa entre el retrato, el documento y la puesta en escena. La serie reúne fotografías en gran formato de mujeres trans de distintas generaciones —de los 18 a los 60 y más—, concebidas no como objetos de observación, sino como presencias autorales dentro del encuadre.
Desarrollado durante cuatro años, el proyecto opera desde la colaboración y el tiempo compartido. Mozes traslada a México el mismo ADN que atraviesa su trabajo previo: una atención sostenida al cambio social, la intimidad pública y las tensiones entre cultura, representación y poder.
La totalidad de los ingresos se destina al Colectivo Trans por la Libertad de Ser y Decidir, dirigido por Andrea Luna, cuya labor articula acompañamiento, educación, salud y defensa legal para la comunidad trans en contextos de alta vulnerabilidad.

DISARM — Pedro Reyes
Por primera vez en México y como inauguración del nuevo Centro de las Artes Inmersivas (CAI), Pedro Reyes presenta DISARM. Un proyecto que condensa casi dos décadas de investigación artística sobre violencia, transformación y acción colectiva.
La muestra convierte armas de fuego reales —pistolas, rifles y ametralladoras— en instrumentos musicales, guitarras, flautas y dispositivos mecanizados que operan en escena.
Reyes sitúa la obra dentro de lo que denomina escultura social: una práctica que trasciende el valor estético para intervenir en el tejido político y emocional de la comunidad. Arquitecto de formación, el artista articula aquí performance, instalación y activismo, extendiendo una trayectoria internacional enfocada en problemáticas contemporáneas.
DISARM funciona como un laboratorio perceptivo donde la materia bélica se resignifica como lenguaje, ritmo y posibilidad de transformación colectiva.



Los Dioses deben de estar locos III — Fernando Aznar
En el cierre definitivo de Caleta, en Santa María la Ribera, Fernando Aznar, en colaboración con Diego Winburn, presenta Los Dioses deben de estar locos III. Una performance que convierte la escena en un experimento perceptivo sobre creencia, consenso y construcción de realidad.
La pieza opera desde la hipnosis como herramienta artística. Tres intérpretes, conscientes pero en estado hipnótico, atraviesan situaciones diseñadas a partir de analogías donde los binarismos morales aparecen no como verdades, sino como estructuras operativas. No son símbolos a interpretar, sino mecanismos que moldean juicio, comportamiento y consentimiento en tiempo real.
El espacio funciona como laboratorio de imprevisibilidad. Las acciones abiertas producen fricciones, desvíos y preguntas que continúan más allá del escenario. La obra exige del público una suspensión activa de la certeza: participar implica asumir el riesgo de la experiencia.
La performance se acompaña de una instalación de video durante febrero, dentro del programa Open Studio de Caleta, junto a visitas a los estudios de Roman de Castro, Daniela Zorrilla (Dayun), Julia Ponce y Hannah Ruth Walker.

SOLAZ — Antonio Ruz
En el Jardín Escénico de Chapultepec, Antonio Ruz presenta por primera vez en México SOLAZ, una acción escénica que desplaza la danza contemporánea hacia el territorio del encuentro colectivo y la experiencia compartida.
Impulsado por Ruta del Castor, el proyecto reúne a veinte intérpretes de México, España, Colombia, Estados Unidos y Costa Rica. La pieza se construye desde el juego, la improvisación y el movimiento relacional. Proponiendo una coreografía abierta donde el cuerpo no sólo observa, sino participa.
Más que un espectáculo frontal, SOLAZ activa el espacio público como un campo sensible. Música, gesto y presencia transforman el pabellón en un lugar de intercambio físico y emocional. El público es invitado a involucrarse corporalmente. A habitar la danza desde el placer y el gozo, más allá de la contemplación pasiva.
En el contexto de Art Week, la obra funciona como una pausa luminosa:
Una coreografía expandida donde comunidad, tiempo y movimiento se articulan como experiencia efímera.


Lo que habrá en ZONAMACO, Semana del arte CDMX 2026
