Antes de que el reposado se convirtiera en un clásico, Casa Herradura ya sabía que el tiempo también podía transformar el tequila.
En Amatitán, Jalisco, una historia comenzó hace más de 155 años. Desde entonces, Casa Herradura ha construido su legado alrededor del agave, el oficio y la paciencia.
Hoy, el tequila atraviesa uno de sus momentos más interesantes. Su presencia internacional crece y también cambia la manera de acercarse a esta bebida mexicana.
En medio de esa evolución, Casa Herradura conserva una idea sencilla: el buen tequila empieza por respetar su origen.
Casa Herradura y más de 155 años de tequila
La historia de Casa Herradura comenzó en 1870, en Amatitán, Jalisco. Su trayectoria la convirtió en una de las casas tequileras más antiguas de México.
Durante más de un siglo y medio, la casa ha mantenido una filosofía centrada en la tierra, el tiempo y la artesanía.

Aquí, la excelencia no consiste en hacer las cosas más rápido. Consiste en dejar que cada etapa encuentre su propio ritmo.
Esa manera de entender el tequila también marcó algunos de los momentos más importantes de la categoría.
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El primer Tequila Reposado del mundo
En 1974, Casa Herradura creó el primer Tequila Reposado comercial del mundo. La innovación cambió para siempre la manera de disfrutar esta bebida.
La madera añadió una nueva dimensión al tequila. También abrió la puerta a una categoría que hoy forma parte esencial de la cultura tequilera.
El reposado nació así como una expresión donde el tiempo tiene un papel protagonista.
En Casa Herradura, el tiempo no es una espera: es parte del proceso.
Del agave azul a la botella
Todo comienza con el Agave tequilana Weber variedad azul. Cada planta se cultiva y cosecha a mano cuando alcanza su punto óptimo de maduración.
Después llega la cocción lenta en hornos tradicionales de mampostería. Este paso permite extraer los sabores que definirán el carácter del tequila.
La fermentación es otro de los elementos distintivos de Casa Herradura. El proceso es completamente natural y toma tres días.



Más de 15 especies de árboles frutales y cítricos crecen dentro de Casa Herradura. Su presencia favorece naturalmente diferentes cepas de levadura.
La levadura y el mosto fermentan lentamente antes de llegar a la destilación. Es un proceso que se ha mantenido durante generaciones.
Después, cada expresión encuentra su propio tiempo en barricas de roble. Ahí desarrolla mayor complejidad, profundidad y carácter.
Un tequila que también mira hacia su entorno
La tradición también implica cuidar el lugar donde nace el tequila. Por eso, Casa Herradura ha desarrollado distintas iniciativas ambientales.
Entre ellas están la reutilización de agua y la generación de energía mediante biogás. Este último se obtiene a partir del bagazo del agave.
Los residuos orgánicos también se transforman en composta. Son procesos que buscan aprovechar mejor los recursos que deja la producción.

Gracias a estas iniciativas, Casa Herradura se convirtió en la única productora de tequila reconocida con el Premio a la Excelencia Ambiental.
El reconocimiento fue otorgado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, PROFEPA.
Este legado del tequila también se construye hacia adelante
El tequila continúa conquistando nuevos mercados y sumando consumidores alrededor del mundo. Su historia, sin embargo, sigue teniendo raíces profundamente mexicanas.
Casa Herradura forma parte de esa historia desde 1870. Su apuesta ha sido mantener vivos los procesos que dieron identidad a su tequila.
Porque preservar una tradición no significa quedarse en el pasado. También significa entender qué vale la pena conservar.

Más de 155 años después, Casa Herradura continúa llevando al mundo una expresión del tequila profundamente ligada a México.
Su historia recuerda que detrás de cada botella existe mucho más que una bebida. Hay tierra, agave, oficio, madera y tiempo.
